miércoles, 22 de abril de 2009
La Jaula
No es más que un sol
pero los hombres lo miran y
después cantan.
Yo no sé del sol.
Yo sé la melodía del ángel
y el sermón caliente
del último viento.
Sé gritar hasta el alba
cuando la muerte se posa desnuda
en mi sombra.
Yo lloro debajo de mi nombre.
Yo agito pañuelos en la noche y barcos sedientos de realidad
bailan conmigo.
Yo oculto clavos
para escarnecer a mis sueños enfermos.
Afuera hay sol.
Yo me visto de cenizas.
(Alejandra Pizarnik)
sábado, 11 de abril de 2009
¿Arte de vida?
Despierto y qué encuentro? Un cuarto extremadamente en orden, El lobo estepario en mi cabecera - cabeza, un espejo reluciente -el mayor de mis amores-, como siempre, dispuesto a mentir; las mismas sombras bajo la cama, las mismas mentiras dentro de mis almohadas.
Se supone que debo empezar una nueva etapa, quizá sí. Sin embargo, esto no es nada igual a un renacer. No es un cambio brusco mas bien es un desarrollo de una etapa ya iniciada hace unos meses. Sé que el cambio va a ser bueno, de hecho hasta ahora lo ha sido. Pero a pesar de eso, no puedo evadir el peso del pasado, no quiero. Incluso pienso, que es esta dependencia al pasado lo que me va a exigir mucho más. Mi pasado es el filtro para determinar qué es lo que me conviene y qué no.
El deseo de ser una mejor persona esta ahí, es una constante y nunca será una variable. Pero lo que me marca más que el deseo de mejorar, es las cicatrices que no quiero ocultar. Son cicatrices del tamaño de la sombra de mi nombre. No necesito mostrarlas, necesito no ocultarlas. Son mi vida.
Regreso al título: ¿Arte de vida? Sí, en el sentido de cómo hacer que valga la pena la vida. Para mí, ésta es importante siempre y cuando me cueste vivirla; si es simple me importa algo menos que la nada.
No sé que es peor si cargar el peso y sentirme cada vez más cerca del suelo o si elevarme como una pluma sin el peso de nada, es decir, ser vano, no tener nada sobre mí que me haga dar cuenta que vivo. Creo, en este momento, que es mejor la opción de cargar con el peso. ¿Pero el peso que estoy cargando es el que me merezco? Con esto me refiero a si las razones que estoy cargando son en verdad importantes. Incluso pienso si en verdad estoy cargando algo, o si sólo es una necesidad mía de buscar algo mínimo para agobiarme y poder culparme de todo. Ha habido momentos en los que sí me he dado cuenta que no tengo un motor para mis acciones y es en eso días cuando peor me siento. Puedo vivirlos como si nada pasara –y en verdad nada ocurre-, puedo estar con las personas con las que siempre estoy pero en el momento en que me alejo me doy cuenta que no hubo nada nuevo en todo eso. Sin embargo, hubo momentos en que se encendió dentro de mí, la maquina de engranajes que me impulsan a vivir por algo.
¿Arte de vida? Sí, arte de vivir agobiándome la mente, la vida... como un suicida que que no quiere morir, sólo busca razones para morir...
lunes, 6 de abril de 2009
Vértigo paralelo
“No es la necesidad, sino la casualidad, la que está llena de encantos” Y es que son estas casualidades las que me elevan sobre los demás, como si fuese una recompensa. Hay acciones que están bajo el manto del destino y las reconocemos; sin embargo, cada vez que experimentamos una casualidad es como si fuera una acción externa a nosotros, pero que a la vez tiene relación profunda con lo que deseamos y anhelamos desde el fondo de nuestra mente.
La pregunta que estremece o, más bien, la que tienta a sentir apego y vértigo a estas casualidades es: ¿Y qué tal si no hubiese sucedido así? ¿Qué, si hubiese tomado la otra calle? ¿Qué, si no me hubiese atrasado y no haya tenido que esperar dos minutos más en esa precisa esquina? ¿Qué, si no hubiese…? Las imágenes como respuesta a estas preguntas son devastadoras. Me obligan a sentir el deseo de aprisionar las casualidades: encadenarlas o incrustarlas en los orificios de los pulmones que no me dejan respirar sólo de pensar que pudo ser diferente, rutinaria, planificadamente.
Las casualidades son el mensaje que debemos descifrar; entender qué es lo verdaderamente significante, no sólo por todo el peso placentero que estas traen consigo sino por la forma espontánea con la que recordamos que se puede estar mejor, que se puede conseguir –no en sentido material- algo palpitantemente mejor.
domingo, 5 de abril de 2009
April is the cruellest month...
SILVA
"Yo soy el ángel de la gasolina
el rey de los ángeles"
Cabeza adentro...
"Sólo aquello que es necesario, tiene peso; sólo aquello que tiene peso, vale"
La insoportable levedad del ser.